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Un acto machista II

A los que siguen enredados con el bebé de Carolina Bescansa y su presencia en el Congreso, ese acto machista que está dando tanto que hablar, alentando por «intelectuales» como Diana Aller (ejemplo máximo de posmodernidad), cuyo artículo No es postureo, es necesario triunfa en la red, les diré que:

Yo no tengo que aguantar el olor a mierda de los bebés de nadie mientras trabajo. Tampoco sus lloros, ni sus pucheros. Se llama respeto. Porque somos PERSONAS y no animales. Aunque algunos se comporten como tal.

Lo feminista hubiese sido no ir al Congreso para exigir una baja de maternidad/paternidad digna, aunque en el Congreso de los Diputados ya exista el voto telemático para sus señorías. Puede que una mujer como Carolina Bescansa, procedente una acomodada familia de antiabortistas gallegos,  quien considera que el derecho al aborto de las mujeres no es algo prioritario para la sociedad, no lo entienda. Claro, que una mujer que opina así, pocas lecciones tiene que dar de feminismo.

A partir de ahora, intentaré no alimentar polémicas absurdas, sobre todo hasta que no haya un gobierno que no sea el del PP.

Jornada de reflexión

Javier Olano

Cierre de campaña. «Jornada de reflexión» (otra cosa a cambiar). Como creo que está democracia comienza a ser algo madura (todavía bastante lejos de EE. UU., Reino Unido o Francia), y aunque el voto sea «secreto» (me río yo del secreto del voto en muchos pueblos y barrios de este país en 2015), os diré que voy a votar a Unidad Popular-Izquierda Unida.

No porque siempre haya votado a IU. No porque hay hecho campaña por esta candidatura (me parece de justicia democrática, después del bloqueo mediático sufrido, y que ninguna otra fuerza ha denunciado). No porque IU sea la única fuerza que ha representado de forma continuada la defensa de los trabajadores/as españoles/as durante más de 80 años. No porque crea que su programa es el más realista desde una posición de izquierdas. No. Por ninguna de esas razonas.

La razón por la que esta vez voy a volver a votar a IU (Unidad Popular – Izquierda Unida) es la ley electoral. Sí, esa que ninguno de los cuatro partidos principales tiene interés en cambiar. Esa que permite que la tercera fuerza estatal con más de 1 700 000 de votos termine con solo 11 diputados por detrás de partidos nacionalistas. Esa que hace que muchos ciudadanos extremeños, castellanoleoneses, castellanomanchegos, cántabros,… que votan a esta formación, no sean representados porque es casi imposible que saquen un diputado en sus circunscripciones. Por ellos, y como yo vivo en Madrid (circunscripción de gran población con posibilidad de sacar diputados de distintas formaciones), votaré a Unidad Popular.

Estas elecciones, probablemente, si votase en conciencia, votaría en blanco o al PSOE (nunca les he votado). Realmente en blanco no votaría, porque una vez más la ley electoral penaliza esta legítima opción. Así que votaría al PSOE, porque después de que por profesión conozca la mierda de todos los partidos, son los socialistas los que más posibilidades tienen de gobernar para los intereses de la clase trabajadora. También digo, que aunque vote a IU, espero que Pedro Sánchez sea el próximo presidente del gobierno. Soy realista y sincero. 

La corrupción de este país no consiste en que tengas que pagar a un funcionario para mover un papel. No. Es una corrupción sistémica. Lo que yo denomino la dictadura de la mediocracia.

Aunque nos mareen la cabeza con desahucios, guerras, votos rogados, y demás ocurrencias, la principal preocupación de los españoles es el paro. Esta es mi situación laboral. Soy parado como millones de españoles. Y no por no tener ni formación ni experiencia.  Es un problema «estructural» de España. Como si fuera algo natural. Un don divino. Estructural como la segunda preocupación. La corrupción. Estos cuatro años hemos conocido muchos escándalos: caso Bárcenas, preferentes, Gürtel, etc. Pero esto es la punta del iceberg. La corrupción de este país no consiste en que tengas que pagar a un funcionario para mover un papel. No. Es una corrupción sistémica. Lo que yo denomino la dictadura de la mediocracia.

La financiación de los partidos políticos es uno de esos elementos esenciales y necesarios para mantener la corrupción. Lo hemos conocido por activa y por pasiva. Por eso, hay que decir que quien financia a los principales partidos políticos estas próximas elecciones legislativas.

PP – financiación desconocida. Financiación opaca.
PSOE – Banco Santander y Bankia.
Unidad Popular – IU – Bankia.
Ciudadanos – Banco Popular.
Podemos – crowdfunding y microcréditos. En español, donaciones anónimas. Financiación opaca.

¿La banca siempre gana?¿O la mafia? Pues parece que últimamente la mafia.

Hoy ha cerrado el Ibex 35 con una de sus peores semanas desde 1990. Muchos se meten con el sistema bancario. No, no son hermanitas de la caridad. Es más, lo hemos rescatado. Pero entre banca y mafia (véase financiación opaca), me quedo con la banca. Y que me llamen capitalista. Yo diré que acepto las reglas del juego. Al menos sé de donde viene el dinero. Dinero que en parte es mío. Lo pago con mis impuestos que financian el rescate de Bankia, por ejemplo.

Si el domingo quieres terminar con esta Banana Republic con rey, vota con cabeza. Vota por la ética. Vota con conciencia.

Solo espero que la gente este domingo vote en conciencia. Porque sí, lo que decida la mayoría es lo que nos gobernará cuatro años. Aunque muchas veces, esa gente que decida ni siquiera vivan en este país, y se consideren víctimas por pedir su voto. Sí, ellas también eligen el devenir de las políticas, aunque no las sufran en persona, y «emigren» en busca de su beneficio personal. Porque estamos en España, no en República Dominicana. Aunque a veces no lo parezca.

Si el domingo quieres terminar con esta Banana Republic con rey, vota con cabeza. Vota por la ética. Vota con conciencia.

Pronóstico electoral para el 20D

Saturados esta campaña electoral de sondeos, aquí os dejo mi pronóstico para las elecciones legislativas del 20D. Evidentemente, uno que es prudente, no me puedo arriesgar a decir el número de diputados que tendrá cada partido, tan sólo el orden en el podium. Aquí va mi quiniela:

1. PSOE
2. Ciudadanos
3. PP (batacazo menos en Asturias, Navarra y País Vasco)
4. Unidad Popular-Izquierda Unida
5. Podemos 

No tengo en cuenta las candidaturas en las que IU y Podemos van juntos, como Marea (Galicia) o En Comú Podem (Cataluña).

El 20 de diciembre veremos la encuesta real. Porque, como los sondeos, esto sólo es un pronóstico.

Como decía Pierre Bourdieu, la opinión pública no existe.

 

Unidad popular para los tiempos que vienen

Javier Olano

El consenso ha muerto. Por si acaso quedaba alguna duda tras un período marcado por la desafección política, y culminado con la abdicación exprés del jefe del estado que alentó el actual sistema, los resultados de las elecciones catalanas han supuesto su certificado de defunción. Lejos del debate sobre la soberanías nacionales, se corrobora la idea de que el sistema actual ha de cambiarse. Si los dos años de la Pepa se hicieron cortos, los casi treinta de la Constitución del 1978 se están haciendo eternos, imponiendo una «democracia», que no representa la diversidad de los españoles.

Pensada para un período de transición, la Constitución instauró un sistema monárquico, tras un período de más de cuarenta años con una jefatura de estado no dinástica, y parlamentario, sostenido gracias a la articulación de un sistema electoral propugnado en en propio texto (en su artículo 68), y desarrollado en una ley electoral, siempre pactada por las dos principales fuerzas, que toma como base la circunscripción provincial. El resultado: un sistema de gobierno estable consolidado en la base de un bipartidismo imperfecto, sin primarias internas, que menoscaba la representación real de la ciudadanía.

Lejos de lo que el nacionalismo español interesadamente ha traslado históricamente, el sistema electoral actual solo premia a la primera y segunda fuerza estatal, a quienes sobrerrepresenta, y siendo las fuerzas regionales, las más justamente representadas. Las terceras fuerzas y siguientes a nivel estatal sufren una infrarrepresentación, que se constata en el número de votos necesarios para conseguir un escaño. El salto de segunda a tercera fuerza es notoriamente escandaloso, como han mostrado la situación de las formaciones IU y UPyD.

¿Qué consecuencias trae este bipartidismo imperfecto? El sistema, heredero del régimen franquista, con una derecha sólida y unida, hace que la mayor parte de la población, de clase trabajadora, se encuentre infrarrepresentanda. Sus preocupaciones están constantemente sometidos a debates infértiles, como los relativos sobre la identidad nacional o la corrupción, propiciados por un sistema mediático bajo control absoluto de la derecha, que forzará constantemente la confrontación de las fuerzas, y consiguiente fragmentación. El resultado: una izquierda sin objetivo claro, que no representa a los ciudadanos. Una desafección política, cuyo culmen se encontraría en el giro del gobierno de Zapatero en 2010 en plena crisis económica, propiciando fuertes recortes sociales en nuestro débil estado de bienestar.

La mayoría infrarrepresentada ha de tener voz en este próximo proceso constituyente, no puede dejarse que otros tomen la voz por nosotros.

¿Por qué una CUP? Una candidatura de unidad popular se presenta como la única solución posible en un momento clave y decisivo para la sociedad española. Madrid y Barcelona, en circunscripciones únicas, y regiones distintas, han mostrado como la unidad promovida por la ciudadanía puede traer el cambio al sistema. Nos enfrentamos a un período en el que un proceso constituyente es necesario, y a diferencia de 1978, más que actores políticos en sí,  se requiere una participación del ciudadano. La mayoría infrarrepresentada ha de tener voz en este proceso, no puede dejarse que otros tomen la voz por nosotros. Por ello, una CUP ha de ser la herramienta para cambiar el sistema. Una CUP no es un movimiento social, no es un partido político, y sobre todo, no es algo con vocación de permanencia. Es algo más, es una herramienta por la que los ciudadanos de una sociedad plural y democrática se van a unir puntualmente para un objetivo común: cambiar el sistema. La ciudadanía no es un todo, por ello, el sistema resultante ha de fruto de estas distintas identidades para poder darnos de un marco de igualdad social, pluralidad,  justicia y democracia acordes a una sociedad moderna.

Es ingenuo quién piense que esto es fruto del 15M. El 15M tuvo su lugar en espacio mediático, pero fue derrotado en la calle, en las urnas. Nos ayudó a abrir los ojos. Era cuestión de tiempo. El 15M tuvo un problema: a las plazas acudían individuos independientes, cada uno con sus intereses y objetivos. Nos ofrecían la imagen del problema, pero ninguna solución. Por eso no funcionó: no era el reflejo de una sociedad moderna y organizada que tiene afrontar problemas sociales, solo era la constatación de los mismos. Una CUP va mucho más allá, significa una espacio para unir a toda la ciudadanía en aras de lograr un objetivo común: evitar un gobierno del PP, y cambiar el sistema actual. Partidos, movimientos sociales (los de siempre, no los pseudomovimientos: ecologismo, feminismo, activismo LGTBI), sindicatos. La CUP tiene que ser una gran plaza que los reúna a todos, a todos los actores que representan a una población infrarrepresentada en los órganos de decisión del estado: el Congreso. Un plaza llena de actores multiplica la presencia ciudadana. El sistema quiere la sociedad cuestionemos, en base a una tematización mediática, los pilares de nuestra sociedad: los partido no valen, los sindicatos tampoco, los asesores menos… Quieren una sociedad de individuos sin fuerza. No les podemos dejar que lo hagan. Surgen así propuestas populistas como la que propugna Ciudadanos de que el poder judicial ha de autorregularse de forma corporativa. ¿Cómo podría una sociedad democrática dejar uno de los poderes básicos del estado sin el sustento de la soberanía popular? Lo moderno es que pudiéramos elegir a los jueces directamente como en EE. UU..

La solución no está en lo nuevo, hay que pensar vintage. 

Ahora todos enfrentan lo nuevo con la viejo, bajo el dogma simplista de que lo nuevo es bueno, y lo viejo es malo. Ingenuo quién así lo piense. Solo hay que hacer un breve repaso a lo largo de la Historia. Ingenuos lo que piensen que la Humanidad ha evolucionado algo desde hace miles de años. Lo nuevo no es lo asambleario, la gente no quiere volver al neolítico. Lo nuevo tampoco es el líder chamánico. Tampoco tecnócratas al servicio de un despotismo elitista, la emancipación de la clase obrera hace años que tuvo lugar.  La gente quiere algo muy simple que este sistema no le ofrece: estar representada lo más justamente posible en los órganos decisorios de la sociedad.   Con eso se conforma. Ni listas abiertas, ni asambleas: por favor, no piensen por la gente. La solución no está en lo nuevo, hay que pensar vintage.

Otra de las grandes ocurriencias de los últimos días es la posibilidad de una coalición PP-PSOE contra la que luchar. No nos confundamos, aunque ambos se comporten similar, su alma es diferente y contrapuesta. La existencia de uno, está sostenida en la del otro. Son las dos caras de una misma moneda. Son como el ying y el yang del sistema. Dicen: ¡Mirad en Alemania! España, lejos de parecerse a Alemania, es mucho más comparable con Francia. En Alemania gobierna una gran coalición, sí, pero ¿cómo? Dividido hasta 1991 en dos estados, uno capitalista y otro socialista, la dirigente del partido de derechas, CDU, casualmente procede de la RDA, mientras que la socialdemocracia del SPD, de la RFA. Parece que está coalición obedece a otros intereses no extrapolables a España, que cualquiera que conozca los pormenores del país germano sabrá. Por ello, no nos engañemos, en el actual escenario político español, en el que urge una reforma constituional, las opciones de un futurible gobierno tras el 20 de diciembre son muy limitadas, a saber:

  • PP+Ciudadanos ¿+PSOE en un proceso constituyente sistémico conservador?
  • PSOE+Ciudadanos
  • PSOE+Podemos híbrido
  • PSOE+Ciudadanos+Podemos híbrido ¿+PP en un proceso constituyente sistémico progresista?
  • ¿CUP+PSOE?¿+Ciudadanos+PP en un proceso constituyente real?

Parece que el PSOE, inestimablemente, será un aliado de cualquier CUP que aglutine a la izquierda. Ellos son los valedores de esa «izquierda mediática». Sin embargo, como parte del sistema, el PSOE actual no está legitimado para comenzar el cambio. Es parte del problema, aunque también de la solución, pero no con la vara de mando. El PSOE será el perfecto escudero de una CUP que logre imponerse como primera o segunda fuerza, pero como caballero, la ciudadanía está abocada a la perpetuación del sistema. Su reforma constitucional del art. 135 CE junto con el PP, la reforma laboral o su visto bueno a la abdicación exprés del jefe del Estado, así lo atestiguan. La función del PSOE ha de ser similar a la del PCE en la Constitución del 1978.

La ciudadanía ha lanzado un mensaje claro: quiere de la política coherencia y representación, por lo que este sistema no sirve, y la única fórmula posible para cambiarlo, bajo las reglas del juego establecidas por la ley electoral, es convertirse en una fuerza alternativa en el mismo. Algo que solo se logra mediante la unidad. Fórmulas como Ahora en Común suponen el espacio idóneo para que esta unidad adopte una forma, con unas primarias abiertas a la ciudadanía, y abierta del mismo modo a todas las fuerzas, siempre y cuando su estructura se mantenga neutral y ecuánime, como la gran plaza en la que cabemos todos. Además, la coherencia en política requiere de algo material, así como claridad, y la claridad, de transparencia. Y esto no consiste en bombardear a una población sobreinformada con datos y comparativas, sino en decir las cosas como en el bar, y hacerlas con la misma buena fe que  cualquier asunto doméstico. Sólo así podremos salir todos juntos a la «plaza» para lograr la unidad popular.