Etiquetado: Democracia

Un mundo sin terror

Este debería de ser el principal objetivo de los gobernantes de todo el planeta, muy particularmente de los de las sociedades democráticas. Esta semana Bruselas y Lahore han sufrido las catastróficas consecuencias de un atentando terrorista. Un realidad que acontece diariamente en varios países del mundo y cuya erradicación tan sólo es posible atacando la raíz del problema, la financiación. El terrorismo existe porque hay dinero que lo financia.

Como apuntaba el ya fallecido sociólogo Ulrich Beck, el terrorismo es uno de esos riesgos que plantea la nueva modernidad de la sociedad global. Una sociedad del riesgo donde las libertadas y derechos fundamentales de la personas se enfrentan a ataques contra las mismas. Es por ello, que lejos de ceder ante el terror de los atentados dando a alas a grupos de extrema derecha o recortando libertades, las sociedades democráticas, y particularmente las europeas, han de ser contundentes en la defensa de unos derechos fruto de muchas luchas. Sólo siendo fuertes y combatiendo el terrorismo con inteligencia se podrá vivir en mundo sin más miedos de los necesarios. Un mundo sin terror.

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Segunda Transición (i): Los sindicatos

Estos días vivimos en un período extraño en la política española tras la fragmentación que supusieron los comicios del pasado 20 de diciembre. Es período de cambio tras el agotamiento de un sistema caduco (o régimen, como dicen algunos)  que tienen su origen en el final la dictadura franquista. Es esta la razón por la que, bajo el nombre de Segunda Transición, inicio una serie de artículos sobre los retos que el estado español ha de afrontar bajo mi perspectiva para superar esta crisis institucional, acuciada por la neativa coyuntura económica y social. Una época en la que las transformaciones son necesarias, siempre bajo el paraguas de un amplio consenso. Y una de esos nuevos retos es el que representa la defensa de los derechos de los trabajadores, y más concretamente de las organizaciones sindicales.

Este fin de semana ha tenido lugar la renovación del secretario general de UGT, dejando a Cándido Méndez en paro, pues llevaba en el cargo desde hace no sé sabe cuándo. Sin lugar a dudas, desde que comenzara la crisis económica en 2008, los sindicatos han sufrido un desprestigio notable en la sociedad. Muchas veces este desprestigio ha venido desde los medios de comunicación de la derecha, incluso desde la política, pero muchas otras se trata de una consecuencia que los mismos se han ganado a pulso, al no saber adaptarse a las necesidades de quienes dicen defender: los trabajador@s.

Hace mucho que estos se convirtieron en maquinarias burocráticas, financiados básicamente con dinero público, que lejos de defender los derechos de la mayor parte de  los trabajadores y trabajadoras, se ha volcado en exclusiva a defender una especie en extinción: el trabajador con contrato indefinido. Así pues, para los sindicatos actuales la precariedad solo existe en relación a estos, dejando de lado la verdadera precariedad: los trabajadores temporales, los falsos autónomos, o lo parados, entre otros. Los verdaderos precarios: la mayor parte de la población activa. Esto se refleja en la baja sindicación a los mismos, y con ello, una menor implicación de los sindicatos en la lucha por los derechos de los trabajadores en general.

Se trataría que estos fueran financiados en exclusiva por los trabajadores, tal y como ocurre en muchos países nórdicos. Para ello, se podría establecer una sindicación libre, pero obligatoria.

Una solución a este problema se solucionaría con una menor dependencia, por no decir nula,  de los ingresos de estado. Se trataría que estos fueran financiados en exclusiva por los trabajadores, tal y como ocurre en muchos países nórdicos. Para ello, se podría establecer una sindicación libre, pero obligatoria. Es decir, que los trabajadores tuvieran la obligación de destinar un porcentaje de su nómina a un sindicato o colegio profesional, según el caso, siempre respetando la privacidad de esta elección. De este modo, los sindicatos, al no depender de las subvenciones del estado, se preocupararían de los verdaderos problemas de sus afiliados. Quizá este sea un cambio que una próxima reforma constitucional podría recoger. Mientras, los españoles y españolas tendrán que conformarse con ese politburó que son los sindicatos actuales, y los cuales sufragan de forma indirecta. Porque una vez más, parece que pagamos para nada.

La Política, cosa de mujeres

Esta semana se ha celebrado el Día de la Mujer, anteriormente conocido como Día de la Mujer Trabajadora. Múltiples eventos y homenajes han tenido lugar, pero lo que se ha demostrado, es que el 8 de marzo se ha revelado claramemente como el día con barra libre para decir sandeces. De todo tipo y color. Un flaco favor a la esencia de lo que representa la mujer.

Con ese motivo, quiero hacer un pequeño homenaje a tres mujeres. Tres mujeres dedicadas en vida íntegramente a la política, porque es ingenuo quien piense que la política con mayúsculas es cosa de hombres. Quién piense eso, es que realmente no sabe lo que es la política. He elegido tres mujeres marxistas, dos de ellas judías, y una católica. Para los más dogmáticos. Tres mujeres que fueron un referente no sólo en su tiempo, sino en la Historia. Una de ellas lideró un movimiento social y político, otra un partido histórico,  y la tercera, un país entero. Tres mujeres activas y luchadoras: tres políticas que marcaron un antes, y un después en el siglo XX.

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La primera de ellas es Rosa Luxemurgo. Mujer, judía y comunista. Lo tenía todo en su contra. Política y teórica. Su oposición a la I Guerra Mundial la llevaría a la muerte en la Revolución de los Espartanos en 1919. Fue muy crítica con la revolución bolchevique, pero de una forma constructiva. Para ella, la socialdemocracia y la lucha de clases eran dos fases de un único movimiento, no algo contrapuesto. Mantenía la tesis de que sin socialdemocracia no puede haber una lucha de clases real y sostenida en el tiempo. Una mujer que es un referente para casi toda la izquierda, sin fisuras.

La moderna clase proletaria no desarrolla su lucha de acuerdo a un plan establecido en un libro teórico; la actual lucha de los trabajadores es una parte de la Historia, una parte del progreso social, y en el centro de la historia, en el centro del progreso, en el medio de la lucha, aprendemos cómo debemos luchar…  Rosa Luxemburgo

La segunda, Golda Meir. Mujer, ucraniana, judía, criada en EEUU, feminista, sionista y marxista. Sin lugar a dudas, de las tres es la que genera más controversia. Se traslada a Palestina para trabajar en los kibutz en la construcción del estado de Israel, bajo un modelo marxista. Será una de las primeras ciudadanas del nuevo estado de Israel y embajadora de Israel en la URSS, primer país en reconocer a Israel, gracias a sus negociaciones personales con Stalin. Después, Ministra de Trabajo y continuará su carrera política hasta convertirse en la cuarta primera ministra de un estado en la Historia. Pese a considerarse sionista, siempre estuvo en contra del éxodo palestino, pero sí de la integración de la población árabe en una verdadera democracia y estado de bienestar, igualitario, el cual ayudó activamente a construir.

Sin embargo, esta carrera se vería interrumpida por los acontecimientos del Yom Kipur de 1973. Meir, siguiendo las instrucciones del entonces secretario de estado de los Estados Unidos, Henry Kissinger, llevó al país a la guerra contra los árabes, lo que le costaría su reputación dentro de la izquierda israelí. Aún así, en 1974 volvería a ganar las elecciones con el Partido Laborista. Pero Golda, arrepentida por la acción bélica, algo que nunca se perdonaría, ella que conocía bien el ruso y sabía que dimitir no era nombre propio, dejaría ese mismo año su cargo consciente del grave error que había cometido. De las tres, fue la única que alcanzó el poder.

La tercera y última mujer política que aquí homenajeo fue Dolores Ibárruri. Mujer, vasca y católica, y popularmente conocida como Pasionaria. Ligada a la lucha obrera en Asturias, donde comenzó su carrera política en el PCE. En la II República sería diputada por Asturias, y vicepresidenta del Congreso durante la Guerra Civil. Siendo miembro destacado del partido comunista, se exilia en la URSS, entonces liderada por Stalin, convirtiéndose en 1942 con el apoyo de éste,  en la secretaria general del PCE. Desde el exilio, y con el apoyo de la URSS, organizó durante años la resistencia al franquismo, hasta su dimisión en 1960. Siempre fiel a la doctrina Moscú. Volvería a España tras es reestablecimiento de la democracia, siendo elegida otra vez diputada por Asturias. Un hecho histórico, cuya imagen supondría el cierre del devastador paréntesis que había supuesto la dictadura franquista para España.

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Tres mujeres, tres símbolos, y tres políticas imprescindibles. Durante la mayor parte de sus carreras fueron fontaneras, como se las llamarían hoy en día. Porque la política no es sólo teoría y hablar. La política también es saber gobernar: un movimiento, un partido o un estado.

 

Lilith, la matriarca

Al principio de los tiempos, Dios creó a Adán y Lilith, quienes vivían en el paraíso. Tenían de todo. Sin embargo, Adán y Lilith no eran los únicos hombres y mujeres en la Tierra. Más allá de los muros del paraíso vivían miles de hombres y mujeres salvajes.

Mientras Adán disfrutaba de todos los placeres que el paraíso les ofrecía, Lilith se preguntaba que había más allá, y cómo vivían el resto de los hombres. Dios les había dicho a ambos que el Paraíso era lo mejor, pues no tenían que trabajar para conseguir nada. Sin embargo, Lilith se sentía confusa. “¿Era realmente el Paraíso lo mejor si no conocía otro mundo con el que comparar?”, se preguntaba constantemente.

Una noche, cansada de mantener relaciones sexuales, siempre con el mismo hombre, y siempre y cuando éste quería, aprovechó la oscuridad para saltar el muro, y unirse al resto de los hombres y mujeres. Era arriesgado, pero tampoco tenía mucho que perder. Allí lo tenía todo.

Una vez saltó el muro, Lilith sintió una sensación que nunca había experimentado: el frío. La capa roja que había cogido para ocultar su huida de Adán era incapaz de mantener su calor. El origen estaba en el suelo. Apenas podía ver con la oscuridad, excepto por la luz de la luna llena que se reflejaba en el blanco suelo, la nieve.

Pronto criaturas extrañas de la noche comenzaron a atacarla, hasta que una manada de 12 lobos la salvó. Estos la guiaron hasta un poblado, donde había un grupo de hombres alrededor de una luz anaranjada que Lilith nunca había visto antes, el fuego. Los hombres, vestidos con pieles, se asustaron al ver a los lobos, aunque rápidamente quedaron eclipsados por una mujer rubia jamás antes vista.

Enseguida Lilith se dio cuenta de que había tomado la opción correcta. Hombres fuertes, de cuerpos esculturales y de un atractivo que Adán, con su oronda barriga, carecía. Una orgía sexual tuvo lugar. Tanto para ella como para los hombres, el sexo dejaba de ser una simple necesidad fisiológica. Era algo más. Lilith y los hombres salvajes se desvirgaban en el placer sexual.

Mientras, Adán en el paraíso descubría que su mujer no estaba. Entró en furia, arrancándose una costilla, que por gracia divina, se convertiría en Eva, una dulce mujer morena.

Lilith, quien nunca había logrado quedarse embarazada de Adán, rápidamente fue fecundada por el resto de los hombres. Sus hijos de una belleza y fuerza inusual. Niños y niñas que cuando crecen se ven dotados de una cualidad nunca antes vista. Una alta capacidad de adaptación al medio, una inteligencia superior a la conocida. Jóvenes capaces de resolver rápidamente problemas y evitar accidentes. Se convertirían en hombres y mujeres longevos, como ella. También ostentaría los cargos de líder de las distintas tribus.

Sin embargo, Lilith, quien durante años había sufrido la opresión de Adán, no era gran amante del cuidado de sus descendientes, por lo que mientras ella se dedicaba a las artes de la noche casi en exclusiva, delegaba el cuidado de sus hijos al resto de hombres y mujeres, quienes gustosos, se dedicaban a educarlos.

Pero en el nuevo mundo, Lilith no solo encontró sexo. También a distintos hombres y mujeres que conviven teniendo que trabajar para conseguir lo que ella siempre había tenido gratis. Ella, que conocía el estado de la perfección, ayudaba en el mundo imperfecto a mejorar el trabajo de todos. Pronto se convertiría en su líder, en la primera política de la Historia de la Humanidad.

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Izq., Venus de Willendorf, derecha superior, Dama de Elche, e inferior, fotograma de Lilith (1964).* 

Con ella, nacía el Matriarcado. Sus dos nuevas facetas favoritas, el sexo y la política, harían que pronto fuera conocida por el resto como la Reina de la Noche. Apenas dormía, pero le daba igual. Ya había soñado demasiado en el Paraíso. Del mismo modo, gracias a su extensa descendencia, fue llamada por muchos la Diosa de la Fertilidad. Nadie sabía el porqué, pero sus hijos e hijas eran distintos al resto. Era la madre de la Civilización.

A la edad de 150 años, satisfecha con su vida, Lilith moría.

Sus descendientes, elegidos democráticamente por el resto, comenzarían a ocupar los cargos de liderazgo político. Con ella había comenzado el progreso social.

Pero éste tenía un largo camino para terminar con los problemas de los hombres. Si es que acaso, algún día terminarían. Mientras que a los reyes se les elegía mediante consejos entre las mujeres y hombres cabeza de familia de las tribus, muchos descendientes de los mismos, los príncipes, creían que el don de liderazgo ya les venía dado por naturaleza. A su juicio, no tenían porque demostrar ninguna habilidad, ni experiencia. Tenían la sangre de Lilith, de color azul, como el cielo, un don divino. La guerra no había hecho nada más que continuar.

Algunas hijas y nietas de Lilith, las magas, pronto llamadas también brujas, se dieron cuenta de que los hombres más nobles solo podrían ser hijos de jóvenes inocentes. Aquellos que nunca habían estado antes con una mujer. La fanfarronería de los hombres no valía con ellas: olían de lejos la virginidad. Sus descendientes, además de nobles, eran fuertes, tanto física como mentalmente. Hombres que se convertirían en guerreros y sanguinarios. No tenían apenas sentimientos.

Por otro lado, otras descendientes de Lilith, las hadas, quienes se hacían llamar venus, se dieron cuenta de que tan solo los hijos de una mujer virgen tendrían sentimientos. La adoración a sus madres vírgenes, tendría como consecuencia una descendencia sensible con toda la naturaleza, pero también de hombres y mujeres débiles. Su falta de voluntad haría, que si bien odiaban la guerra, vieran el suicidio como una opción personal. Convirtieron la enfermedad en don divino.

Los hombres y mujeres pronto aprenderían las artes de la manipulación de sus progenitoras. Las artes de la guerra se basaban en la sangre y los ídolos.

Reunidas las hadas, las magas y los sabios en consejo, determinaron por métodos científicos que la guerra de los hombres solo se terminaría cuando gobernase la Reina del Día. Establecieron la profecía de la Navidad, el nacimiento del Sol, que daría paso a un solsticio de invierno que traería consigo la paz de los hombres en primavera. Esta reina necesitaría apoyarse en una piedra, anterior a la existencia de la mismísima Lilith. La Tierra.

Esa Navidad sería anunciada por Tres Reinas Magas que procederían de Oriente Medio siguiendo la Estrella Polar en busca de la gran fuente de agua. Una vez esto sucediera, llegaría la Reina del Día, que como Lilith, sería rubia y vestiría ropas de abrigo rojas. Ella  venía de la noche, del polo norte, y conocía bien el frío. Se convertiría en la nueva matriarca de un mundo basado en los valores de la Humanidad, la Civilización y la Democracia. La guerra de los hombres daría por fin paso a LA PAZ.

Un mundo sin guerras, con mujeres y hombres dispuestos a conquistar unidos el más allá: las estrellas. Un mundo que nunca más pensaría en el otro más allá. Jamás.

*Nota de pie de foto
Las tres fotos representan distintas figuras de Lilith, personaje legendario del folclore judío, de origen mesopotámico. Se le considera la primera esposa de Adán, anterior a Eva.
  1. La Venus de Willendorf es una estatuilla antropomorfa femenina de entre 20 000 y 22 000 años a.C. Fue hallada en un yacimiento paleolítico cerca de Willendorf (Austria). Es la más conocida de las venus paleolíticas.
  2. La Dama de Elche es una escultura íbera en piedra caliza, que se data entre los siglos V y IV a. C. Encontrada en el yacimiento de Ilici, cercano a Elche (Alicante). En la actualidad se encuentra en el Museo Arqueológico Nacional (Madrid).
  3. Fotograma de Lilith (1964) de Robert Rossen, su última película como director, y en la que refleja su arrepentimiento por participar en la caza de brujas de senador McCarthy. La actriz Jean Seberg interpreta a Lilith, una joven adinerada que se encuentra en un psiquiátrico debido a su enfermedad mental, donde conocerá a Vicent Bruce (Warren Beaty), un joven que tras venir de la guerra está de voluntariado en el centro. En 1965, Seberg se llevó el Globo de Oro a mejor actriz por la película.

Sobre democracia y consenso

Esta es una reflexión personal sobre lo qué son el consenso y la democracia, a raíz de un debate surgido después de que presentara una simple propuesta a nivel vecinal en mi distrito, en la ciudad de Madrid: la instalación de tablones de información en lugares estratégicos del distrito (parques, plazas, zonas, comerciales) para ofrecer a la ciudadanía información institucional tanto del Distrito y el Ayuntamiento, como de los grupos municipales (PP, AM, PSOE y C’s), así como de las actividades vecinales.

El consenso, entendido como algo positivo en una sociedad democrática, es el reflejo precisamente de la falta de cultura democrática, en la que la divergencia de opiniones, no tienen porque suponer un enfrentamiento sino un enriquecimiento del conjunto de la sociedad.

Es normal que en un país como España, con una dictadura de más de 40 años, y un retraso considerable en materia política y económica desde antes del siglo s. XIX, vea como normales los consensos, pero no porque sean más democráticos, sino como garantes de menor conflictividad. Así, no es de extrañar, que por consenso se haya decidido que el jefe del Estado sea un rey después de más de 50 años sin monarquía, en lugar de realizar un referéndum democrático sobre la cuestión (o sobre la misma elección del jefe del Estado), cuyos resultados, sin cultura democrática, inevitablemente hubieran desembocado en un conflicto.

La cultura democrática no solo consiste en votar, sino en respetar y comprender la pluralidad de la sociedad. En una sociedad democrática existen ideas diversas, pero objetivos comunes basados principalmente en la ética.

Ejemplos de porqué el consenso es una falacia:

Discusión en una comunidad de vecinos sobre la construcción de un rascacielos que se va a construir enfrente. El ayuntamiento ha decido delegar en los vecinos la decisión de otorgar o no la licencia de construcción.  

En contra: los vecinos de la escalera exterior alegan que perderán sus vistas del edificio. Tendrán más tráfico y más ruido. 

A favor: todas los vecinos de la escalera interior y bajos, entre los que se encuentran el dueño de un bar, y tres trabajadores en paro. Alegan que el rascacielos dará trabajo. Respecto a las vistas no pueden estar a favor o en contra porque ninguno ve ninguna vista afectada. 

Se producirá una discusión y habrá una votación. No sé si consenso, lo dudo. Evidentemente los argumentos de algunos afectaran a la decisión final (voto) de los otros, sobre todo en base a la solidaridad o objetivación del problema. Puede que la vecina del 1º exterior, que está poco en casa, le de igual perder las vistas, si sus vecinos van a tener más trabajo, algo que ella, que tiene trabajo, le afecta de algún modo indirectamente (puede que algún día esté en paro), pero también directamente, ya que si sus vecinos tienen una situación económica delicada pueden dejar de pagar la comunidad y repercutir en el  funcionamiento de la misma.

Otros, sin embargo, nunca llegaran al consenso, pues sus intereses particulares son superiores a los del resto, algo que es legítimo. Es el caso del vecino del ático A, que está pagando una hipoteca de 300.000 euros que contrajo para comprar la vivienda que adquirió por 350.000 euros, más del doble que cualquier casa del mismo tamaño de la finca. Simplemente por las vistas. 

¿Votación democrática o consenso? ¿Puede imponerse el interés particular de la minoría sobre el resto? ¿No es más lógico que esa decisión se tome entre todos en relación a criterios técnicos y opiniones de afectados (información) y de forma democrática (votando)? En una sociedad democrática, que cada uno, con la información en la mano, que vote en conciencia, pero lo que no se puede hacer es obligar a cambiar las conciencias. Pensar que esto es posible, es asumir que el que piensa distinto que ti tiene una “alienación” o algo similar. “Que no piensa adecuadamente”. No, simplemente, aunque tengan los mismos objetivos que tú, tiene ideas distintas. 

Tampoco hay mucho que debatir a la hora de votar, pues casi todos los debates terminaban en un silogismo binario: se construye el rascacielos o no. Y las perfilaciones políticas no tienen mucho margen en esa decisión, a menos que se quiera influir ideológicamente sobre toda técnica de nuestra vida. Pero repito, entonces no estaríamos ante sociedades democráticas.

Llegar al consenso, de que se construya un rascacielos que no tape la vista del edificio y tenga X-n plantas, no será realmente un consenso, sino la imposición de una minoría que hará que el edificio no cumpla con su finalidad original y objeto. Habrá un nuevo edificio, pero no habrá trabajo (pues este no depende de los vecinos). Al final, sí, hay consenso, pero nadie está contento: los que no querían rascacielos tienen un edificio enfrente, y los que veían en el rascacielos una oportunidad de revitalización económica de la zona, ven frustrado esto, pues ninguna empresa grande cabe en ese edificio, que termina vacío. 

Cualquiera de los vecinos algún día dejará de vivir en el edificio, pero tanto el edificio de la comunidad de vecinos como el rascacielos quedarán ahí o no, en la calle, en la sociedad. Pero solo lo decidieron ellos. 

Por eso, la democracia participativa, como su propio nombre indica, consiste en la participación en la toma de decisiones de la gente afectada, votando, no por consenso.

Por eso, la democracia participativa, como su propio nombre indica, consiste en la participación en la toma de decisiones de la gente afectada, votando, no por consenso. Es cierto, que precisamente como muchas acciones políticas tienen una permanencia en el tiempo notable (por ejemplo el caso de decisiones estructurales), estas se someten a votaciones que requieren de mayorías reforzadas. Pero nunca consenso, porque el consenso es casi imposible en democracia.

El Ayuntamiento de Madrid, a propuesta del concejal Pablo Soto, está poniendo en marcha mecanismos en esta línea como Decide Madrid, en las que la ciudadanía puede participar en la toma de decisiones votando, y proponiendo cosas. Pero no llegando a consensos. No hay más democracia porque haya consenso, sino porque más gente se involucre en los proyectos y participe en las votaciones.

En esta línea me pronuncié en Ahora Madrid en relación a esta ofuscación por el consenso, y la votación democrática vista como un fracaso. Fue en el caso de la elección de portavoz de los llamados voves (vocales vecinos), respecto a la cual no entendí, y sigo sin entender, que ante la falta de consenso por parte de los vocales (como marca el estatuto, votado democráticamente como marca la propia Constitución, que señalaba que se eligiera por consenso al vove más capacitado), estos optaran por hacer una votación entre ellos, cuando los los propios voves habían sido elegidos por los vecinos.

Quizá, muchas veces, tengamos que encontrar la solución en aquello que damos por hecho: los planteamientos.

Creo que para los demócratas no nos cabe ninguna duda: la persona más votada por los vecinos debía de ser la portavoz. Y reitero, no se es más democrático por llegar a consensos para evitar los conflictos. Se es más democrático cuando en las decisiones intervienen mayor número de personas afectadas, y entendemos que hay gente que piensa distinto a nosotros: eso es la democracia participativa. Muchas veces no nos damos cuenta, que teniendo objetivos comunes, no entendemos porque nuestras ideas distintas nos impiden llevar a cabo esos objetivos. Quizá, muchas veces, tengamos que encontrar la solución en aquello que damos por hecho: los planteamientos.

 

Unidad popular para los tiempos que vienen

Javier Olano

El consenso ha muerto. Por si acaso quedaba alguna duda tras un período marcado por la desafección política, y culminado con la abdicación exprés del jefe del estado que alentó el actual sistema, los resultados de las elecciones catalanas han supuesto su certificado de defunción. Lejos del debate sobre la soberanías nacionales, se corrobora la idea de que el sistema actual ha de cambiarse. Si los dos años de la Pepa se hicieron cortos, los casi treinta de la Constitución del 1978 se están haciendo eternos, imponiendo una «democracia», que no representa la diversidad de los españoles.

Pensada para un período de transición, la Constitución instauró un sistema monárquico, tras un período de más de cuarenta años con una jefatura de estado no dinástica, y parlamentario, sostenido gracias a la articulación de un sistema electoral propugnado en en propio texto (en su artículo 68), y desarrollado en una ley electoral, siempre pactada por las dos principales fuerzas, que toma como base la circunscripción provincial. El resultado: un sistema de gobierno estable consolidado en la base de un bipartidismo imperfecto, sin primarias internas, que menoscaba la representación real de la ciudadanía.

Lejos de lo que el nacionalismo español interesadamente ha traslado históricamente, el sistema electoral actual solo premia a la primera y segunda fuerza estatal, a quienes sobrerrepresenta, y siendo las fuerzas regionales, las más justamente representadas. Las terceras fuerzas y siguientes a nivel estatal sufren una infrarrepresentación, que se constata en el número de votos necesarios para conseguir un escaño. El salto de segunda a tercera fuerza es notoriamente escandaloso, como han mostrado la situación de las formaciones IU y UPyD.

¿Qué consecuencias trae este bipartidismo imperfecto? El sistema, heredero del régimen franquista, con una derecha sólida y unida, hace que la mayor parte de la población, de clase trabajadora, se encuentre infrarrepresentanda. Sus preocupaciones están constantemente sometidos a debates infértiles, como los relativos sobre la identidad nacional o la corrupción, propiciados por un sistema mediático bajo control absoluto de la derecha, que forzará constantemente la confrontación de las fuerzas, y consiguiente fragmentación. El resultado: una izquierda sin objetivo claro, que no representa a los ciudadanos. Una desafección política, cuyo culmen se encontraría en el giro del gobierno de Zapatero en 2010 en plena crisis económica, propiciando fuertes recortes sociales en nuestro débil estado de bienestar.

La mayoría infrarrepresentada ha de tener voz en este próximo proceso constituyente, no puede dejarse que otros tomen la voz por nosotros.

¿Por qué una CUP? Una candidatura de unidad popular se presenta como la única solución posible en un momento clave y decisivo para la sociedad española. Madrid y Barcelona, en circunscripciones únicas, y regiones distintas, han mostrado como la unidad promovida por la ciudadanía puede traer el cambio al sistema. Nos enfrentamos a un período en el que un proceso constituyente es necesario, y a diferencia de 1978, más que actores políticos en sí,  se requiere una participación del ciudadano. La mayoría infrarrepresentada ha de tener voz en este proceso, no puede dejarse que otros tomen la voz por nosotros. Por ello, una CUP ha de ser la herramienta para cambiar el sistema. Una CUP no es un movimiento social, no es un partido político, y sobre todo, no es algo con vocación de permanencia. Es algo más, es una herramienta por la que los ciudadanos de una sociedad plural y democrática se van a unir puntualmente para un objetivo común: cambiar el sistema. La ciudadanía no es un todo, por ello, el sistema resultante ha de fruto de estas distintas identidades para poder darnos de un marco de igualdad social, pluralidad,  justicia y democracia acordes a una sociedad moderna.

Es ingenuo quién piense que esto es fruto del 15M. El 15M tuvo su lugar en espacio mediático, pero fue derrotado en la calle, en las urnas. Nos ayudó a abrir los ojos. Era cuestión de tiempo. El 15M tuvo un problema: a las plazas acudían individuos independientes, cada uno con sus intereses y objetivos. Nos ofrecían la imagen del problema, pero ninguna solución. Por eso no funcionó: no era el reflejo de una sociedad moderna y organizada que tiene afrontar problemas sociales, solo era la constatación de los mismos. Una CUP va mucho más allá, significa una espacio para unir a toda la ciudadanía en aras de lograr un objetivo común: evitar un gobierno del PP, y cambiar el sistema actual. Partidos, movimientos sociales (los de siempre, no los pseudomovimientos: ecologismo, feminismo, activismo LGTBI), sindicatos. La CUP tiene que ser una gran plaza que los reúna a todos, a todos los actores que representan a una población infrarrepresentada en los órganos de decisión del estado: el Congreso. Un plaza llena de actores multiplica la presencia ciudadana. El sistema quiere la sociedad cuestionemos, en base a una tematización mediática, los pilares de nuestra sociedad: los partido no valen, los sindicatos tampoco, los asesores menos… Quieren una sociedad de individuos sin fuerza. No les podemos dejar que lo hagan. Surgen así propuestas populistas como la que propugna Ciudadanos de que el poder judicial ha de autorregularse de forma corporativa. ¿Cómo podría una sociedad democrática dejar uno de los poderes básicos del estado sin el sustento de la soberanía popular? Lo moderno es que pudiéramos elegir a los jueces directamente como en EE. UU..

La solución no está en lo nuevo, hay que pensar vintage. 

Ahora todos enfrentan lo nuevo con la viejo, bajo el dogma simplista de que lo nuevo es bueno, y lo viejo es malo. Ingenuo quién así lo piense. Solo hay que hacer un breve repaso a lo largo de la Historia. Ingenuos lo que piensen que la Humanidad ha evolucionado algo desde hace miles de años. Lo nuevo no es lo asambleario, la gente no quiere volver al neolítico. Lo nuevo tampoco es el líder chamánico. Tampoco tecnócratas al servicio de un despotismo elitista, la emancipación de la clase obrera hace años que tuvo lugar.  La gente quiere algo muy simple que este sistema no le ofrece: estar representada lo más justamente posible en los órganos decisorios de la sociedad.   Con eso se conforma. Ni listas abiertas, ni asambleas: por favor, no piensen por la gente. La solución no está en lo nuevo, hay que pensar vintage.

Otra de las grandes ocurriencias de los últimos días es la posibilidad de una coalición PP-PSOE contra la que luchar. No nos confundamos, aunque ambos se comporten similar, su alma es diferente y contrapuesta. La existencia de uno, está sostenida en la del otro. Son las dos caras de una misma moneda. Son como el ying y el yang del sistema. Dicen: ¡Mirad en Alemania! España, lejos de parecerse a Alemania, es mucho más comparable con Francia. En Alemania gobierna una gran coalición, sí, pero ¿cómo? Dividido hasta 1991 en dos estados, uno capitalista y otro socialista, la dirigente del partido de derechas, CDU, casualmente procede de la RDA, mientras que la socialdemocracia del SPD, de la RFA. Parece que está coalición obedece a otros intereses no extrapolables a España, que cualquiera que conozca los pormenores del país germano sabrá. Por ello, no nos engañemos, en el actual escenario político español, en el que urge una reforma constituional, las opciones de un futurible gobierno tras el 20 de diciembre son muy limitadas, a saber:

  • PP+Ciudadanos ¿+PSOE en un proceso constituyente sistémico conservador?
  • PSOE+Ciudadanos
  • PSOE+Podemos híbrido
  • PSOE+Ciudadanos+Podemos híbrido ¿+PP en un proceso constituyente sistémico progresista?
  • ¿CUP+PSOE?¿+Ciudadanos+PP en un proceso constituyente real?

Parece que el PSOE, inestimablemente, será un aliado de cualquier CUP que aglutine a la izquierda. Ellos son los valedores de esa «izquierda mediática». Sin embargo, como parte del sistema, el PSOE actual no está legitimado para comenzar el cambio. Es parte del problema, aunque también de la solución, pero no con la vara de mando. El PSOE será el perfecto escudero de una CUP que logre imponerse como primera o segunda fuerza, pero como caballero, la ciudadanía está abocada a la perpetuación del sistema. Su reforma constitucional del art. 135 CE junto con el PP, la reforma laboral o su visto bueno a la abdicación exprés del jefe del Estado, así lo atestiguan. La función del PSOE ha de ser similar a la del PCE en la Constitución del 1978.

La ciudadanía ha lanzado un mensaje claro: quiere de la política coherencia y representación, por lo que este sistema no sirve, y la única fórmula posible para cambiarlo, bajo las reglas del juego establecidas por la ley electoral, es convertirse en una fuerza alternativa en el mismo. Algo que solo se logra mediante la unidad. Fórmulas como Ahora en Común suponen el espacio idóneo para que esta unidad adopte una forma, con unas primarias abiertas a la ciudadanía, y abierta del mismo modo a todas las fuerzas, siempre y cuando su estructura se mantenga neutral y ecuánime, como la gran plaza en la que cabemos todos. Además, la coherencia en política requiere de algo material, así como claridad, y la claridad, de transparencia. Y esto no consiste en bombardear a una población sobreinformada con datos y comparativas, sino en decir las cosas como en el bar, y hacerlas con la misma buena fe que  cualquier asunto doméstico. Sólo así podremos salir todos juntos a la «plaza» para lograr la unidad popular.