Categoría: HISTORIA

Lilith, la matriarca

Al principio de los tiempos, Dios creó a Adán y Lilith, quienes vivían en el paraíso. Tenían de todo. Sin embargo, Adán y Lilith no eran los únicos hombres y mujeres en la Tierra. Más allá de los muros del paraíso vivían miles de hombres y mujeres salvajes.

Mientras Adán disfrutaba de todos los placeres que el paraíso les ofrecía, Lilith se preguntaba que había más allá, y cómo vivían el resto de los hombres. Dios les había dicho a ambos que el Paraíso era lo mejor, pues no tenían que trabajar para conseguir nada. Sin embargo, Lilith se sentía confusa. “¿Era realmente el Paraíso lo mejor si no conocía otro mundo con el que comparar?”, se preguntaba constantemente.

Una noche, cansada de mantener relaciones sexuales, siempre con el mismo hombre, y siempre y cuando éste quería, aprovechó la oscuridad para saltar el muro, y unirse al resto de los hombres y mujeres. Era arriesgado, pero tampoco tenía mucho que perder. Allí lo tenía todo.

Una vez saltó el muro, Lilith sintió una sensación que nunca había experimentado: el frío. La capa roja que había cogido para ocultar su huida de Adán era incapaz de mantener su calor. El origen estaba en el suelo. Apenas podía ver con la oscuridad, excepto por la luz de la luna llena que se reflejaba en el blanco suelo, la nieve.

Pronto criaturas extrañas de la noche comenzaron a atacarla, hasta que una manada de 12 lobos la salvó. Estos la guiaron hasta un poblado, donde había un grupo de hombres alrededor de una luz anaranjada que Lilith nunca había visto antes, el fuego. Los hombres, vestidos con pieles, se asustaron al ver a los lobos, aunque rápidamente quedaron eclipsados por una mujer rubia jamás antes vista.

Enseguida Lilith se dio cuenta de que había tomado la opción correcta. Hombres fuertes, de cuerpos esculturales y de un atractivo que Adán, con su oronda barriga, carecía. Una orgía sexual tuvo lugar. Tanto para ella como para los hombres, el sexo dejaba de ser una simple necesidad fisiológica. Era algo más. Lilith y los hombres salvajes se desvirgaban en el placer sexual.

Mientras, Adán en el paraíso descubría que su mujer no estaba. Entró en furia, arrancándose una costilla, que por gracia divina, se convertiría en Eva, una dulce mujer morena.

Lilith, quien nunca había logrado quedarse embarazada de Adán, rápidamente fue fecundada por el resto de los hombres. Sus hijos de una belleza y fuerza inusual. Niños y niñas que cuando crecen se ven dotados de una cualidad nunca antes vista. Una alta capacidad de adaptación al medio, una inteligencia superior a la conocida. Jóvenes capaces de resolver rápidamente problemas y evitar accidentes. Se convertirían en hombres y mujeres longevos, como ella. También ostentaría los cargos de líder de las distintas tribus.

Sin embargo, Lilith, quien durante años había sufrido la opresión de Adán, no era gran amante del cuidado de sus descendientes, por lo que mientras ella se dedicaba a las artes de la noche casi en exclusiva, delegaba el cuidado de sus hijos al resto de hombres y mujeres, quienes gustosos, se dedicaban a educarlos.

Pero en el nuevo mundo, Lilith no solo encontró sexo. También a distintos hombres y mujeres que conviven teniendo que trabajar para conseguir lo que ella siempre había tenido gratis. Ella, que conocía el estado de la perfección, ayudaba en el mundo imperfecto a mejorar el trabajo de todos. Pronto se convertiría en su líder, en la primera política de la Historia de la Humanidad.

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Izq., Venus de Willendorf, derecha superior, Dama de Elche, e inferior, fotograma de Lilith (1964).* 

Con ella, nacía el Matriarcado. Sus dos nuevas facetas favoritas, el sexo y la política, harían que pronto fuera conocida por el resto como la Reina de la Noche. Apenas dormía, pero le daba igual. Ya había soñado demasiado en el Paraíso. Del mismo modo, gracias a su extensa descendencia, fue llamada por muchos la Diosa de la Fertilidad. Nadie sabía el porqué, pero sus hijos e hijas eran distintos al resto. Era la madre de la Civilización.

A la edad de 150 años, satisfecha con su vida, Lilith moría.

Sus descendientes, elegidos democráticamente por el resto, comenzarían a ocupar los cargos de liderazgo político. Con ella había comenzado el progreso social.

Pero éste tenía un largo camino para terminar con los problemas de los hombres. Si es que acaso, algún día terminarían. Mientras que a los reyes se les elegía mediante consejos entre las mujeres y hombres cabeza de familia de las tribus, muchos descendientes de los mismos, los príncipes, creían que el don de liderazgo ya les venía dado por naturaleza. A su juicio, no tenían porque demostrar ninguna habilidad, ni experiencia. Tenían la sangre de Lilith, de color azul, como el cielo, un don divino. La guerra no había hecho nada más que continuar.

Algunas hijas y nietas de Lilith, las magas, pronto llamadas también brujas, se dieron cuenta de que los hombres más nobles solo podrían ser hijos de jóvenes inocentes. Aquellos que nunca habían estado antes con una mujer. La fanfarronería de los hombres no valía con ellas: olían de lejos la virginidad. Sus descendientes, además de nobles, eran fuertes, tanto física como mentalmente. Hombres que se convertirían en guerreros y sanguinarios. No tenían apenas sentimientos.

Por otro lado, otras descendientes de Lilith, las hadas, quienes se hacían llamar venus, se dieron cuenta de que tan solo los hijos de una mujer virgen tendrían sentimientos. La adoración a sus madres vírgenes, tendría como consecuencia una descendencia sensible con toda la naturaleza, pero también de hombres y mujeres débiles. Su falta de voluntad haría, que si bien odiaban la guerra, vieran el suicidio como una opción personal. Convirtieron la enfermedad en don divino.

Los hombres y mujeres pronto aprenderían las artes de la manipulación de sus progenitoras. Las artes de la guerra se basaban en la sangre y los ídolos.

Reunidas las hadas, las magas y los sabios en consejo, determinaron por métodos científicos que la guerra de los hombres solo se terminaría cuando gobernase la Reina del Día. Establecieron la profecía de la Navidad, el nacimiento del Sol, que daría paso a un solsticio de invierno que traería consigo la paz de los hombres en primavera. Esta reina necesitaría apoyarse en una piedra, anterior a la existencia de la mismísima Lilith. La Tierra.

Esa Navidad sería anunciada por Tres Reinas Magas que procederían de Oriente Medio siguiendo la Estrella Polar en busca de la gran fuente de agua. Una vez esto sucediera, llegaría la Reina del Día, que como Lilith, sería rubia y vestiría ropas de abrigo rojas. Ella  venía de la noche, del polo norte, y conocía bien el frío. Se convertiría en la nueva matriarca de un mundo basado en los valores de la Humanidad, la Civilización y la Democracia. La guerra de los hombres daría por fin paso a LA PAZ.

Un mundo sin guerras, con mujeres y hombres dispuestos a conquistar unidos el más allá: las estrellas. Un mundo que nunca más pensaría en el otro más allá. Jamás.

*Nota de pie de foto
Las tres fotos representan distintas figuras de Lilith, personaje legendario del folclore judío, de origen mesopotámico. Se le considera la primera esposa de Adán, anterior a Eva.
  1. La Venus de Willendorf es una estatuilla antropomorfa femenina de entre 20 000 y 22 000 años a.C. Fue hallada en un yacimiento paleolítico cerca de Willendorf (Austria). Es la más conocida de las venus paleolíticas.
  2. La Dama de Elche es una escultura íbera en piedra caliza, que se data entre los siglos V y IV a. C. Encontrada en el yacimiento de Ilici, cercano a Elche (Alicante). En la actualidad se encuentra en el Museo Arqueológico Nacional (Madrid).
  3. Fotograma de Lilith (1964) de Robert Rossen, su última película como director, y en la que refleja su arrepentimiento por participar en la caza de brujas de senador McCarthy. La actriz Jean Seberg interpreta a Lilith, una joven adinerada que se encuentra en un psiquiátrico debido a su enfermedad mental, donde conocerá a Vicent Bruce (Warren Beaty), un joven que tras venir de la guerra está de voluntariado en el centro. En 1965, Seberg se llevó el Globo de Oro a mejor actriz por la película.

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Titanic, la otra historia

Para todos los que vivís en Madrid, o que vayáis a venir en breve, os recomiendo que acudáis a ver Titanic – The Exhibition.

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Como sabéis el barco se hundió en 1912. En época de grandes cambios tecnológicos, pero también sociales. Cinco años después tendría lugar la Revolución Soviética, y seis después, el establecimiento de la República de Weimar, entre otros.

Muchos hoy se piensan que el Titanic era un crucero de lujo, que alojaba también a gente pobre. En 1912 no existían aviones, y a esta tragedia se la puede considerar la mayor catástrofe de los medios de transporte masivos de la Historia. 

Más de 1 500 personas se estima que perdieron la vida. Teniendo en cuenta que era un transatlántico que cubría la ruta Londres-Nueva York, esto supondría en la actualidad el accidente simultáneo de al menos 5 aviones comerciales. Ya no es tan crucero la película…

También podemos ver esta tragedia como un accidente, o como el resultado de los intereses particulares de algunos hombres. El Titanic fue diseñado como el barco más seguro de la Historia, con un innovador mecanismo antihundimiento. ¿Cómo es que terminó en la profundidades del Óceano Atlántico?

Algunos siempre se dicen que la naturaleza siempre puede con la tecnología humana. Lo que no nos cuentan, es la cantidad de negligencias que hubo este hundimiento. Invito que acudáis a la exposición para descubrirlas.

Para algunos el Titanic simboliza el fracaso de una Humanidad fascinada por el lujo, la megalomanía y una tecnológica “faraónica”. Para otros (y esta es la versión menos mediática), el Titanic simboliza cómo la avaricia de unos pocos, terminó con los sueños de más de un millar de personas, de distinto sexo, edad y condición social.

Hay que recordar, que a excepción de la fuerza mayor o catástrofe natural, nada en la vida de los hombres y mujeres ocurre fortuitamente. Todo tiene una causalidad fruto de la naturaleza humana (a veces inhumana), por la acción u omisión, bien sea de forma consciente o inconsciente.