Hoja de ruta

Javier Olano

Si nos hemos cansado en los últimos meses de oír un concepto es el de hoja de ruta. Porque la hoja de ruta, la hoja de ruta por aquí, hoja de ruta por acá… Los políticos, como todo estratega, tienen hojas de rutas. Lo que hace tiempo muchos políticos no entendieron es que sus estrategias y las de la ciudadanía, lejos de asemejarse, distaban bastante. Mientras unos se guían al elaborarlas en cómo intentar lograr representar los intereses del pueblo ganando la confianza del electorado, la gente, lejos de tener un plan estratégico para su vida en un entorno que controlan poco, parecen buscar solución a sus problemas en los discursos políticos más pragmáticos y coherentes con la realidad. Con el avance de la crisis, lo sentimental hace tiempo que dio paso a lo racional en la política, única herramienta para cambiar las cosas. Una de estas divergencias la encontramos en el barrio barcelonés de Nou Barris, donde si bien ganó Barcelona en Comù en las municipales, fue Ciudadanos quien ganó en las pasadas elecciones catalanas. Una excusa que el maestro Jordi Évole aprovechó para confrontar a Pablo Iglesias y Albert Rivera en el arranque de temporada de Salvados en un cara a cara en un bar del barrio.

Captura de la página web el pasado 8 de junio de 2015, en la que se alega

Captura de la página web el pasado 8 de junio de 2015, en la que se alega “la hoja de ruta” de la formación para no confluir con otras formaciones en las Elecciones Generales del 20D.

Este fue el motivo que alegó Podemos para romper las negociaciones con IU en aras de conformar una candidatura de unidad popular para las próximas elecciones del 20D. Un ruptura unilateral que sorprendió a muchos, y que era esperada por otros. La idea de candidatura de unidad para la formación morada pasa por sus siglas, lo que fue considerado por el propio Alberto Garzón como un mercado de fichajes. Podemos dice su «marca está consolidada», que es «la marca del cambio». Este también ha sido el motivo de ruptura de las negociciones de candidaturas conjuntas con otros partidos como Compromís. Lejos de las apreciaciones simbólicas por parte de los dirigentes de la formación, parace que el principal motivo de tal cuestión es la financiación. Sí, la financiación del partido. Como publicó la semana pasada Expansión, las cuentas no le salen a la formación. Todo pese a que en exitosas candidaturas como la de Ahora Madrid, partido instrumental, eran el único partido que las integraba (junto con Ganemos), y por tanto único partido beneficiario de la subvenciones.

Parece que si los resultados del 20D no son los esperados, podríamos estar ante unas nuevas preferentes.

Uno de los estandartes de Podemos ha sido su transparencia en las cuentas, así como la no dependencia de financiación procedente de entidades bancarias. Por ello, han encontrado en fórmulas como el micromezcenago basado en el crowdfunding formas de conseguir dinero para sus campañas. Donaciones anóminas, algo que contrasta con la transparencia que exigen a la financiación de partidos. Una de las fórmulas empleadas en campañas como las pasadas autonómicas fue la petición a la ciudadanía de microcréditos que serían devueltos cuando obtuvieran las suvbvenciones. A día de hoy nadie ha recibido nada. Parece que si los resultados del 20D no son los esperados, podríamos estar ante unas nuevas preferentes. En tal caso, de nada habrán servido los guiños mutuos con el Banco Santander, que si ha financiado en otras ocasiones a partidos como el PSOE de Zapatero.

Lo que más llama la atención de la hoja de ruta es su punto de partida: Vistaalegre, la madrileña plaza de toros del barrio popular de Carabanchel, donde hace un año tuvo lugar el congreso fundacional del partido. Parece innegable el carácter mediático que sus principales dirigentes y la propia formación han tenido desde su mismo nacimiento en los platós de de televisión, principalmente de La Sexta y Cuatro. Y la puesta en escena de Vistaalegre no fue para menos. Allí saldría elegido el secretario general de la formación, Pablo Iglesias, quien vapuleado al día siguiente por Ana Pastor en El Objetivo. Allí se decidió que la formación no se presentaría a las municipales, en las que promovería candidaturas de unidad popular, pero sí a las autonómicas. En mayo llegarían las elecciones, y el un éxito agridulce: si bien las fórmulas de candidatura de unidad popular había sido un éxito en ciudades simbólicas como Madrid o Barcelona, las candidaturas de Podemos a nivel autonómico habían quedado relegadas a una tercera o cuarta posición, si bien es cierto que con mayor relevancia que IU en anteriores comicios, referente histórico a la izquierda del PSOE. ¿Había sido Podemos preso de su marca? ¿O esto era parte de la hoja de ruta? Si bien la formación había salido a ganar como alternativa a los socialistas, parecía que su relevancia quedaba sujeta a un apoyo de los mismos.

Así fue en Valencia, Extremadura o Castilla-La Mancha, donde el PSOE logró arrebatar gobiernos autnómicos al PP con el apoyo de la nueva formación. Es en este último caso, donde llama la atención la política de la formación, sobre todo en el terreno mediático. El gobierno de García-Page, sucesor natural de José Bono, designaba a dedo como director de informativos a un joven de 25 años, en contra del comité de empresa de Castilla-La Mancha Televisión y de una redacción, que llevaba años sometida en la maquinaria de propaganda en la que se había convertido la denominada TeleCospedal. Podemos callaba con su apoyo. Un modelo de televisión público que contrastaba con el que aplicaba Fernández Vara en Extremadura y con el que la misma formación exige en Madrid. ¿Cómo es que la nueva formación permanecía impasible ante ese dedazo tan de vieja política?

Parece que para encontrar las respuestas del presente, tenemos que analizar bien las huellas del pasado. Para ello, retrocedamos a 2012 cuando Podemos ni había ni nacido. Por aquel entonces, una España sumergida en la crisis apunto de alcanzar una cifra récord de parados, vivía un período de conflictividad social, con numerosas protestas en las calles. Ese mismo año, el principal partido de la oposición, el PSOE, elegía a su secretario general. Se presentaron Alfredo Pérez Rubalcaba y Carme Chacón. Ese mismo año, El País, único medio afín al sector de Rubalcaba tras la absorción de Cuatro por Mediaset y en plena guerra por los derechos del fútbol, publicaba cual era el círculo de influencia de la exministra. Un artículo que sería muy polémico. En el se hablaba de un grupo afín Chacón denominado PSOE S.A., compuesto principalmente por su marido, Miguel Barroso, exsecretario de comunicación Zapatero y directivo de Mediapro, y el propietario de la productora, el extroskista Jaume Roures.

Mediapro es, desde su nacimiento, uno de los accionistas de referencia de La Sexta, que ese mismo año se fusionaba con Antena 3, creando el grupo mediático Atresmedia. Pese a los apoyos mediáticos, Rubalcaba ganó, y Chacón acompañó a su marido a Miami, en la aventura americana de la compañía catalana. Dos años después, y tras la dimisión de Rubalcaba, volvería a ver primarias socialistas a la secretaría general. Esta vez se presentaban, entre otros, Pedro Sánchez, delfín de Rubalcaba, y Eduardo Madina, por sector de Carme Chacón y José Bono, quien prometía primarias a candidato presidencial en noviembre. Ganó Pedro Sánchez, y ante la ausencia de candidatos no hubo primarias.

También en 2012 comenzaban a escribir en Público, dos profesores de la Universidad Complutense, Pablo Iglesias y Juan Carlos Monedero, quienes tenían un programa de televisión La Tuerka, de ámbito local, que más tarde sería emitido por el mismo períodico. Público, propiedad de Jaume Roures, a través de la inmobiliaria Display Connectors, también cedería sus instalaciones para la producción del mismo. Un año después, sería el programa de La Sexta Noche, producido por Liquid Media, filial de Mediapro, quien popularizaría al actual líder de la formación, Pablo Iglesias. Una estrecha relación que se mantiene hasta nuestros días, no solo por la asiduidad de los miembros de Podemos en los programas de esta productora, sino por la propia presencia de Iglesias y Monedero en el cumpleaños del empresario catalán minutos antes de hacer una entrevista a la carta en el canal de Atresmedia la pasada semana.

No sabemos si, como dijo Pablo Iglesias, Podemos iba a «asaltar los cielos», o asaltar Ferraz, donde los perdedores de las primarias no tenían poder alguno.

Por ello, ahora cobra más fuerza la idea de la hoja de ruta. Inamovible. Inflexible.  Lo que no queda muy claro es si esta fue trazada en Vistaalegre, o en la reunión que a comienzos de 2014 mantuvieron los líderes de Podemos con el expresidente Jose Luis Rodríguez Zapatero y José Bono a espaldas del secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. Tampoco queda claro si la idea de Podemos es ganar reemplazando al PSOE, o conseguir el suficiente apoyo electoral que nunca tuvo IU, y que serviría para que el PSOE puediera pactar. No sabemos si como dijo Pablo Iglesias, Podemos iba a asaltar los cielos, o asaltar Ferraz, donde los perdedores de las primarias no tenían poder alguno. De lo que no cabe duda es que la famosa teoría de la «operación coleta», corroborada por el propio Iglesias en su desnudo integral ante Ana Rosa Quintana, cobra el sentido que planteaba Ricard Juan en una entrevista a Periodista Digital hace más de un año. «Podemos había sido creado para dañar a Izquierda Unida», planteaba el periodista. Ahora se entiende el empeño de algunos nuevos medios digitales como eldiario.es, dirigido por Nacho Escolar, exdirector de Público, en sacar todos los trapos sucios de plataformas de confluencia para una unidad popular como Ahora en Común.

Muchos pensaran que lo que aquí se expone es fruto de una teoría conspiratoria. Es algo mucho más simple. Es una historia de poder del sistema. Un Juego de Tronos para esos espectadores que somos los ciudadanos. 

Muchos pensaran que lo que aquí se expone es fruto de una teoría conspiratoria. Es algo mucho más simple. Es una historia de poder del sistema. Un Juego de Tronos para esos espectadores que somos los ciudadanos. Como el sociólogo Félix Ortega explica en su libro La política mediatizada, la política actual está dominada por las reglas del sistema mediático. Si muchos consideramos al partido Ciudadanos la marca blanca del PP, Podemos sería la fuerza política aupada por los perdedores de las primarias del PSOE en una incipiente democracia de audiencias (en relación al concepto de Bernard Manin), en la cual se había convertido nuestro país. Unas primarias que otros ganaron democráticamente dos veces. Las cuestiones éticas las dejamos para otro momento.

En 2011 y 2012, España estaba atravesando uno de sus peores momentos, algo que sin lugar a dudas tenía su reflejo en las calles. Mínimo, pero lo tenía. El sistema establecido no quería una Grecia en un país de 46 millones de habitantes. ¿Alguien imagina las consecuencias? Indignación sí, pero controlada. Es lo que el propio Ortega denomina teledemocracia. ¿Para qué indignarte en la calle si lo puedes hacer en el sofá? Los espectadores encontraron con Podemos y sus líderes en la televisión una identificación de sus preocupaciones, de sus reclamos. Ya no hacía falta salir a protestar. Pero, ¿esto es práctico en la vida real?¿se puede cambiar algo desde el sofá a través de actores elegidos por el sistema? El bipartidismo tiene su hoja de ruta, ¿y la ciudadanía?

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